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SOCIEDAD Malvinas: por primera vez desde que finalizó la guerra traerán al continente el cuerpo de un caído

26/07/2018 Generales

Antes de partir hacia la guerra el primer teniente de la Fuerza Aérea Luis Darío Castagnari le pidió a su mujer: "Si no regreso traé mi cuerpo y enterrame junto a Gustavito".

El 1 de abril de 1982, a las 5 de la mañana, cuando el primer teniente de la Fuerza Aérea Luis Darío José Castagnari dejó su casa del barrio de El Palomar para ir a la guerra le pidió tres cosas a su esposa:

—Cuidate, cuidá a nuestros cuatro hijos, y si no vuelvo de Malvinas quiero que traigas mi cuerpo y me entierres junto a Gustavito.

María Cristina Scavarda, conmovida, le dijo: "Te lo prometo". Ella conocía mejor que nadie el terrible dolor que les había causado la muerte de su primer hijo, "Pirinchito", el 7 de enero de 1978, cuando solo tenía tres años y un cáncer se desparramó por su pequeño cuerpo y se los quitó de sus vidas en unos pocos meses.

Hoy, después de 36 años de lucha y espera, María Cristina puede decir que al fin pudo cumplir con aquella promesa.


Emocionada, así se lo dice a Infobae: "Hablé con el Secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj y me dijo que podía tenerlo acá con nosotros en la primera quincena de diciembre".

Esta será la primera vez , luego de finalizada la guerra el 14 de junio de 1982, que se traslade del cuerpo de un caído en las islas al continente."En una reunión con el embajador Mark Kent y María Fernanda Araujo, presidenta de la Comisión de Familiares de Malvinas, se ha coordinado el traslado para la primera quincena de diciembre. Quisiéramos que sea antes del 8, cuando la señora cumple años, porque sabemos cuánto significa para ella y para su familia desde lo emocional poder cumplir con la promesa que hizo hace 36 años", dijo Claudio Avruj, secretario de Derechos Humanos.

"El Estado cumple el rol de asistir en un derecho privadísimo y personal de una familia que necesita cerrar una herida. Es un acto de sanación. Estas fiestas María Cristina las va a pasar con la deuda saldada", finaliza Avruj. 

El proceso para que esto ocurra fue largo, difícil y entreverado. María Cristina siempre quiso que su marido descansara junto a los restos de su hijo en el cinerario de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús en Río Cuarto, donde ellos se casaron. Allí hay una pequeña urna con una plaquita que dice Gustavo Daniel Castagnari. A su lado hay un espacio vacío.

Héroe caído

Al militar cordobés lo llamaban "El Furia". Era el encargado de custodiar el radar, evaluar las condiciones de seguridad del área donde se asentaban las fuerzas argentinas y ayudar al funcionamiento de la Base Aérea Militar Malvinas (BAM). Los comandos habían construido los puestos de guardia y los refugios. Habían cavado trincheras, preparado un sistema de rampas con explosivos por si los ingleses intentaban un desembarco, e instruido a los soldados. Fueron ellos quienes se ocuparon de mantener alto el espíritu de los jóvenes para cuando llegara el momento del combate.

 

Luis le había dicho infinidad de veces a su mujer: "Si pudiera elegir cómo terminar mi vida, le pediría a Dios morir defendiendo la Patria". Pero no repitió esas palabras en las cuatro cartas que envió desde las islas. Solo le dijo que las Malvinas eran hermosas, "un lugar que uno podría elegir para vivir en familia".

La muerte lo encontró como oficial de guardia, corriendo con una radio en sus manos mientras daba órdenes y buscaba proteger a sus hombres. En medio de un feroz bombardeo inglés se acercó a los integrantes del Escuadrón Pucará para indicarles dónde estaban los refugios. Los oficiales lograron protegerse. Castagnari no pudo llegar.

Eran las once y veinte de la noche del 29 de mayo cuando las esquirlas del misil Sea lung, lanzado desde el destructor HMS Glamorgan, perforaron el cuerpo del primer teniente.

El 30 de mayo por la tarde fue enterrado en el cementerio civil de la Isla Soledad. El sacerdote Pacheco bendijo su cruz. El brigadier Castellano lo despidió: "Hoy sepultamos a un soldado que dio la vida por la Patria y sus camaradas".

El regreso a casa

"Le escribí una carta al embajador británico Mark Kent, que me respondió inmediatamente, me recibió y me dio todo su apoyo porque entendió que es un derecho humanitario. Hablé con Claudio Avruj, de Derechos Humanos, y María Teresa Kralikas, de la subsecretaría de Malvinas en Cancillería. Durante varios meses me pidieron que esperara a que termine el proceso de identificación de los soldados y yo entendí que esas familias tenían que saber dónde estaban sus hijos porque el dolor de llegar a Darwin y que la tumba no tenga nombre era inconmensurable", explicó.

 

Cuenta cómo el empresario Eduardo Eurnekian, de Aeropuertos Argentina 2000, se conmovió con su historia y es quien se hará cargo del costo del traslado del cuerpo de su marido hasta Río Cuarto. También recibió el apoyo de María Fernanda Araujo, más allá que desde lo personal la presidenta de la Comisión de Familiares de Malvinas siente que los soldados caídos deben quedar en Darwin.

"Antes de las fiestas lo van a tener, van a pasar una Navidad en paz", le dijo Claudio Avruj en la llamada que "me cambió la vida y empezó a devolverme la paz", cuenta la viuda de Castagnari. "Yo le dije que el 8 de diciembre era mi cumpleaños y que sería el mejor regalo de mi vida poder tener a mi marido cerca otra vez", revela.

Al enterarse de la noticia, emocionada escribió un mail contándole de las novedades al embajador Kent, a Richard Jones, funcionario de la embajada británica y quien la acompañó en este difícil proceso, y a Roberto Curilovic, de Aeropuertos Argentina 2000 y veterano de Malvinas, el hombre de Eurnekian que se puso a su disposición para ayudarla.

Habla de la solidaridad de la gente y no puede contener las lágrimas: "Me llamaron los directivos de Parque Perpetual, de Río Cuarto, para hacerse cargo del traslado desde el aeropuerto local y de la cremación. También ofreció ayudarme con todo el papeleo la gente del Registro Civil de mi ciudad", cuenta.

"Estoy muy agradecida a todo el mundo. También a los isleños que comprendieron que es una cuestión humanitaria y autorizaron la exhumación. Como no existe un crematorio en Malvinas es más complicado, pero gracias a la buena voluntad del gobernador y de los funcionarios de las islas, a la ayuda de la embajada, y al señor Curilovic toda la logística pudo solucionarse".

"No vuelve como yo lo había soñado, pero es tenerlo, es abrazarlo, es dejarlo descansar junto a Gustavito, es cerrar esta historia de tanto dolor y de tantas esperas. Siento que voy a encontrar la paz y comenzar a vivir con mis hijos de otra manera, porque el dolor lo tengo adentro". 

 

 

 

 

Extracto de nota de Infobae escrita por Gaby Cociffi

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